Pasó otro Dakar. El tercero en Argentina, el primero que recorre los caminos de nuestra provincia. Ese será el recuerdo inolvidable para los aficionados tucumanos, que pudieron percibir de cerca todo lo que significa la fiebre dakariana. Quedó demostrado el día que las máquinas arribaron a nuestra ciudad. La llegada de los pilotos al hipódromo fue espectacular, por la gran cantidad de gente que se congregó en el lugar y en los alrededores. Lo peligroso fue la manera que lo recibieron cuando los bólidos ingresaron por la avenida Wenceslao Posse fueron tocandos en forma irresponsable, sin temor a ser atropellados. Por suerte no pasó nada ni se tuvo que lamentar ningún accidente.

El Dakar dejó mucha tela para cortar. Los tucumanos lamentaron los abandonos de Rodolfo Bollero y Miguel Reginato. Se habían preparado para dar la vuelta. No pudo ser. Su espíritu de competencia los puso a pensar ya en la próxima edición. Quieren la revancha.

En lo global, quedaron muchos datos y anécdotas. Desde el showman Robby Gordon hasta el querible principe qatarí Al-Attiyah, quienes se ganaron el cariño de la gente y se convirtieron en las figuras foráneas más populares, casi al nivel de los hermanos Marcos y Alejandro Patronelli. A propósito, es la primera vez que un hermano le pasa la corona a otro. Emotivo.

Los récords, las anécdotas y hasta el dato trágico formaron parte de este 33º Dakar. La carrera más larga y apasionante en el planeta.